miércoles, 21 de julio de 2010

Me he dado cuenta que las fotos mías que me importan son aquellas que dejan ver cierta conexión que establezco con el mundo. Esto no me sucede con otros lenguajes visuales, como con la pintura, donde no parto desde la imagen exterior del mundo. En fotografía, el material a trabajar es la imagen de las cosas, la piel de las cosas: pura superficie lumínica. La mirada que imprimo cuando aprieto el obturador es la que me posibilita “encajar” felizmente en el mundo. Tal vez lo esté manipulando con la cámara para sentirlo como yo quiero: un lugar misterioso, profundo y cálido como el verdadero hogar del ser. O tal vez sean momentos lúcidos, en donde realmente vea al mundo, y yo en él, en su auténtica existencia.
Luego, la mayor parte del tiempo, no encajo. Sigo disciplinadamente no siendo.

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