domingo, 21 de febrero de 2010

Vacaciones

“(…) El niño sale a correr el mundo, la mañana es nueva y fresca, el campo se estira recién lavado, el sol camina hacia su punto más alto…a lo lejos, grandes árboles y montañas azules, el viajero cierra tras de sí la puerta de su casa y comienza su marcha…”
Elegir la piedra por donde pasar, el impulso para el salto, el camino de regreso.
Observar la nutria, las madrigueras de cuises, los blancos huesos de vacas.
Sostenerse del borde de una roca y sentir los músculos tensos, la cadera liviana.
Escuchar el paso del agua, el eco al arrojar una piedra. Divisar la liebre que corre tan rápido como el conejo de Alicia y al zorro que alegre se adentra por los pastos.
Salir a traspasar alambrados, a divisar guanacos a envolverse con las nubes.
Ver la gran araña negra y amarilla que espera y pende tozuda acunada por la brisa.
Volver a jugar como una niña dejando las preocupaciones de la joven. Sentir sed y beber el agua.
Por las noches reunirse con amigos al llamado del fuego o acurrucarse en el sofá para ver una peli, felices de que al otro día continuará la fiesta sin repetirse.

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