domingo, 18 de octubre de 2009

Para salir de la casa de Vero debía cruzar obligatoriamente el patio de Corina y antes, saludar a Frida. Corina andaba muy afligida por la falta de lluvias. Algunas de sus plantas y árboles ya habían muerto. En el pueblo eran pocas las horas en que se tenía agua. Durante ellas se la juntaba en cacharros, ollas y baldes. El vecino de enfrente fue multado por regar su césped, pese a sus quejas de que él pagaba el agua y eso le daba derecho a gastarla como quisiera. Se decía que en veinte días, Capilla quedaría seca. No saldría más ni una gota por los grifos.

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