sábado, 17 de octubre de 2009

Despedí a Lur a las tres de la mañana. Feliz se iba en su viaje de escuela. Yo volví a dormir un poco más, y ya a las ocho me acomodé en el auto y busqué la autopista. Llegué a Capilla con tiempo de saludar a Vero. Me adiestró en algunos cuidados hogareños y entonces partió a La Plata. Me quedé hermosamente sola: con Frida, con el aire gustoso de las sierras, con el silencio dulce, con el Uritorco en la puerta.

Esa tardecita salí a caminar por el pueblo. Compré naranjas, pan y un queso redondo. Luego me topé con flores. Margaritas y amapolas. Se dejaron mirar. Las fotografié.

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